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Terapia familiar: ¿Qué esperar de la primera sesión?

La primera sesión de terapia familiar puede generar muchas dudas.

¿Tenemos que acudir todos? ¿Qué nos van a preguntar? ¿Tendremos que contar todos nuestros problemas? ¿Qué ocurre si mi hijo adolescente no quiere venir?

Es normal llegar con cierta incertidumbre, especialmente cuando la familia lleva tiempo atravesando conflictos, discusiones o una situación que no sabe cómo resolver.

La primera sesión no está pensada para solucionar todos los problemas de una vez. Su objetivo es empezar a comprender qué está ocurriendo, escuchar las distintas perspectivas y decidir juntos por dónde puede comenzar el trabajo.

Qué es y para qué sirve la terapia familiar

La terapia familiar es un espacio psicoterapéutico en el que se presta especial atención a las relaciones y dinámicas que existen entre los miembros de una familia.

No significa que todos sean responsables por igual de todos los problemas ni que cualquier dificultad individual tenga necesariamente una causa familiar.

Significa que, además de comprender lo que le ocurre a cada persona, también observamos cómo se comunican, cómo responden unos a otros y qué patrones pueden estar manteniendo determinados conflictos.

Una familia puede acudir a terapia por motivos muy diferentes:

  • conflictos frecuentes entre padres e hijos,
  • dificultades durante la adolescencia,
  • problemas de comunicación,
  • discusiones constantes,
  • celos o conflictos entre hermanos,
  • cambios familiares importantes,
  • separaciones o divorcios,
  • o porque uno de sus miembros está atravesando una dificultad que está afectando también al resto de la familia.

El objetivo no es decidir quién tiene la culpa, sino comprender mejor lo que está ocurriendo y encontrar formas de relacionarse que funcionen mejor para esa familia.

¿Tiene que acudir toda la familia a la primera sesión?

No necesariamente.

Dependiendo del problema, la edad de los hijos y la situación familiar, la primera sesión puede realizarse:

  • con toda la familia,
  • con algunos de sus miembros,
  • con la pareja parental,
  • o únicamente con uno de los padres.

Por ejemplo, cuando el motivo de consulta está relacionado con un adolescente que no quiere acudir a terapia, puede ser perfectamente útil empezar trabajando con sus padres.

Que un hijo no quiera participar inicialmente no significa que la familia no pueda empezar a introducir cambios.

En algunos casos, modificar la forma en que los adultos responden a los conflictos, ponen límites o se comunican puede empezar a cambiar la dinámica incluso antes de que el adolescente decida participar.

Si estás precisamente en esa situación, también puede ayudarte esta guía sobre qué hacer cuando tu hijo adolescente no quiere ir al psicólogo.

Cómo prepararse para la primera sesión

No hace falta preparar un discurso, ordenar perfectamente toda la historia familiar ni llevar una lista completa de problemas.

Puede ser suficiente llegar con una idea general de:

  • qué os preocupa,
  • desde cuándo ocurre,
  • qué habéis intentado hasta ahora,
  • qué está afectando más a la convivencia,
  • y qué os gustaría que fuera diferente.

Muchas familias llegan con objetivos muy generales:

“Queremos discutir menos.”

“Queremos volver a entendernos.”

“Ya no sabemos cómo hablar con nuestro hijo.”

Eso es suficiente para empezar. Parte del trabajo de las primeras sesiones consiste precisamente en transformar esas preocupaciones generales en objetivos más concretos.

Qué ocurre durante la primera sesión de terapia familiar

Cada terapeuta tiene su forma de trabajar y cada familia necesita cosas diferentes, pero normalmente la primera sesión tiene varios objetivos.

1. Conocernos y comprender el motivo de consulta

Al principio suelo conocer quién forma la familia, qué está ocurriendo y qué ha llevado a pedir ayuda precisamente en este momento.

Puede interesarme saber:

  • cuándo comenzó el problema,
  • qué situaciones lo empeoran,
  • qué habéis intentado,
  • qué ocurre después de los conflictos,
  • y cómo interpreta cada miembro lo que está pasando.

2. Escuchar las distintas perspectivas

Una misma situación puede vivirse de manera completamente diferente dentro de una familia.

Un padre puede pensar:

“No respeta ninguna norma.”

Mientras que su hijo puede sentir:

“No confían en mí y quieren controlarlo todo.”

Comprender esas distintas perspectivas no significa decidir inmediatamente quién tiene razón.

Significa entender cómo está viviendo cada persona la situación y cómo esas interpretaciones influyen en la forma en que responden unos a otros.

3. Empezar a identificar cómo se mantiene el problema

Desde una mirada sistémica, interesa especialmente observar los ciclos que se repiten.

Por ejemplo:

Cuanto más controlan los padres → más se distancia el adolescente → más preocupados se sienten los padres → más controlan.

Con el tiempo, todos pueden quedar atrapados en una secuencia que ninguno desea pero que termina repitiéndose.

Una de las ideas que más me gusta trabajar con las familias es esta:

El problema no siempre está dentro de una sola persona. A veces está también en una danza relacional que se repite una y otra vez.

Cuando empezamos a modificar algunos pasos, puede empezar a cambiar también la dinámica.

4. Empezar a definir qué queremos cambiar

Las familias suelen llegar con objetivos amplios.

Por ejemplo:

“Queremos comunicarnos mejor.”

En terapia intentamos traducir poco a poco ese objetivo a cambios que podamos observar.

  • poder hablar de determinados temas sin terminar gritando,
  • reducir el número de discusiones por los deberes,
  • conseguir que un adolescente vuelva a hablar con sus padres después de un conflicto,
  • establecer límites sin que cada norma termine en una lucha de poder,
  • o recuperar algunos momentos positivos de convivencia.

Cuanto más concretos sean los objetivos, más fácil será valorar con el tiempo si realmente estamos avanzando.

¿Tengo que contar todos mis problemas en la primera sesión?

No.

La primera sesión es también un momento para conocernos y empezar a construir confianza.

No es necesario sentirse preparado para hablar inmediatamente de todos los temas ni contar aspectos que todavía resultan demasiado difíciles.

Esto puede ser especialmente importante con adolescentes o miembros de la familia que acuden con más dudas o resistencia.

Algunos necesitan hablar desde el principio. Otros prefieren observar, escuchar y comprobar primero qué tipo de espacio es la terapia.

Ambas formas de empezar pueden ser válidas.

La importancia de sentirse escuchado sin crear bandos

Una parte fundamental de las primeras sesiones consiste en construir una relación terapéutica en la que los distintos miembros puedan sentirse suficientemente seguros para participar.

La calidad de esa alianza terapéutica se ha relacionado de forma consistente con los resultados de la psicoterapia.

En terapia familiar existe además un reto particular: no crear la sensación de que el terapeuta está aliado con una parte de la familia contra otra.

Por ejemplo, cuando los padres llegan pensando que:

“El problema es nuestro hijo.”

y el adolescente siente:

“Me han traído para que me arreglen.”

es importante que ambas partes puedan sentirse escuchadas sin convertir la terapia en un juicio sobre quién está haciendo las cosas bien o mal.

¿El terapeuta decide quién tiene razón?

La terapia familiar no funciona como un juicio.

No se trata de escuchar dos versiones y emitir un veredicto.

Puede haber conductas que necesiten límites claros o situaciones en las que sea importante señalar responsabilidades, pero el trabajo terapéutico busca comprender qué está ocurriendo y qué cambios pueden ayudar a mejorar la situación.

Una pregunta mucho más útil que:

“¿Quién empezó?”

puede ser:

“¿Qué ocurre entre vosotros para que acabéis una y otra vez en este mismo punto?”

Qué puede ocurrir al final de la primera sesión

Al terminar, lo habitual es que tengamos una primera comprensión de:

  • qué preocupa a la familia,
  • cómo lo vive cada miembro,
  • qué dinámicas pueden estar influyendo,
  • qué quiere cambiar cada persona,
  • y cuáles podrían ser los primeros objetivos del trabajo.

En algunas ocasiones también puedo proponer alguna pequeña observación o cambio para probar en casa.

No como “deberes” destinados a hacer las cosas perfectamente, sino como una forma de empezar a experimentar con respuestas diferentes.

Por ejemplo:

“Esta semana vamos a observar qué ocurre justo antes de que empiece la discusión, sin intentar todavía solucionarla.”

o:

“Vamos a probar a hacer una petición sin añadir después reproches anteriores.”

¿Cuánto dura la terapia familiar?

No existe una duración igual para todas las familias.

Depende de aspectos como:

  • el motivo de consulta,
  • cuánto tiempo lleva existiendo el problema,
  • la intensidad del conflicto,
  • los objetivos acordados,
  • los cambios que van apareciendo,
  • y las necesidades de cada familia.

La frecuencia de las sesiones también se acuerda según el momento del proceso y las necesidades de la familia.

Lo importante es revisar periódicamente si el trabajo está produciendo cambios y si los objetivos iniciales siguen teniendo sentido.

Cómo puedes sentirte después de la primera sesión

No existe una forma correcta de salir de una primera sesión.

Algunas personas sienten alivio por haber podido hablar de algo que llevaba mucho tiempo generando tensión.

Otras salen cansadas, removidas, esperanzadas o todavía con bastantes dudas.

Todo ello puede formar parte del comienzo del proceso.

Después de la sesión recomiendo especialmente evitar convertir lo hablado en una nueva discusión en casa.

Por ejemplo:

“¿Ves? Hasta la terapeuta ha dicho que tú…”

Utilizar lo ocurrido en consulta como arma puede dificultar que los miembros de la familia vuelvan a sentirse seguros hablando con libertad.

Es preferible dar algo de espacio, observar qué ideas os han resultado útiles y dejar que el proceso vaya tomando forma progresivamente.

¿Y si mi hijo adolescente no quiere hacer terapia?

Es una situación bastante frecuente.

Algunos adolescentes sienten que acudir a terapia significa que sus padres creen que “el problema son ellos”. Otros simplemente no quieren hablar con una persona desconocida o no consideran que exista ningún problema.

Forzar continuamente la participación puede aumentar todavía más la resistencia.

Dependiendo de la situación, podemos empezar trabajando con los padres para comprender:

  • qué está ocurriendo en casa,
  • qué respuestas están aumentando el conflicto,
  • qué límites necesitan mantenerse,
  • qué puede modificarse en la comunicación,
  • y cómo acercarse al adolescente sin convertir cada conversación en presión.

Si esta es vuestra situación, puedes leer también qué hacer cuando un hijo adolescente no quiere ir al psicólogo.

Cómo puedo ayudarte desde Rosaterapia

En Rosaterapia trabajo con familias que sienten que han entrado en dinámicas repetitivas de conflicto, distancia o incomunicación y necesitan comprender qué está ocurriendo y empezar a responder de otra manera.

Desde una mirada sistémica y centrada en soluciones, la primera sesión sirve para conocer vuestra situación, escuchar las distintas perspectivas y empezar a definir objetivos concretos.

No siempre es necesario que todos los miembros comiencen al mismo tiempo.

En algunas situaciones puede ser útil empezar únicamente con los padres desde el acompañamiento familiar y valorar posteriormente cómo continuar.

Si quieres conocer con más detalle cómo trabajo, puedes consultar el servicio de terapia familiar.

Preguntas frecuentes sobre la primera sesión de terapia familiar

¿Tiene que acudir toda la familia?

No necesariamente. Según el motivo de consulta puede ser útil comenzar con toda la familia, con algunos de sus miembros o únicamente con los padres. La composición de las sesiones puede ir cambiando a lo largo del proceso.

¿Qué pasa si mi hijo adolescente no quiere ir?

No significa que no pueda empezar ningún trabajo. En determinadas situaciones puede ser útil comenzar con los padres, revisar la dinámica familiar e introducir cambios en la forma de comunicarse o responder al conflicto.

¿Tenemos que contar todos nuestros problemas en la primera sesión?

No. La primera sesión es una toma de contacto. Se empieza por aquello que ha motivado la consulta y cada persona puede necesitar un ritmo diferente para hablar de determinados temas.

¿El terapeuta decide quién tiene la culpa?

No es el objetivo de la terapia familiar. Se intenta comprender qué está ocurriendo, cómo se relacionan los distintos miembros y qué cambios pueden ayudar a mejorar la situación, sin convertir la sesión en un juicio entre familiares.

¿Se definen objetivos desde la primera sesión?

Normalmente se empieza a explorar qué quiere cambiar la familia, aunque los objetivos pueden concretarse y revisarse a medida que conocemos mejor la situación.

¿Cuánto dura un proceso de terapia familiar?

No existe una duración fija. Depende del motivo de consulta, los objetivos, la evolución del problema y las necesidades de cada familia. El proceso debe revisarse periódicamente para valorar los cambios que se están produciendo.

¿Puede empezar la terapia solo con los padres?

Sí. En determinados problemas familiares trabajar inicialmente con los padres puede ser una forma útil de empezar a modificar las dinámicas de casa, incluso cuando un hijo todavía no quiere participar.

¿Qué ocurre después de la primera sesión?

Después de comprender inicialmente el motivo de consulta, se acuerdan los siguientes pasos. Puede proponerse otra sesión con los mismos miembros, incorporar a otra persona de la familia, trabajar inicialmente con los padres o empezar a desarrollar objetivos más concretos.

La primera sesión es un punto de partida

La primera sesión de terapia familiar no tiene que resolver todos los problemas de la familia.

Su función es empezar a comprender qué está ocurriendo, cómo lo vive cada persona y qué patrones pueden estar dificultando que la situación cambie.

A partir de ahí podemos definir objetivos y empezar a probar nuevas formas de responder.

A veces el primer cambio no consiste en solucionar inmediatamente el conflicto, sino simplemente en empezar a mirarlo de una manera diferente.

Rosa Cambronero

“Soy Rosa Cambronero, psicóloga (n.º colegiada AO-14013), especializada en terapia familiar y de pareja, y desde 2007 acompaño a familias que están pasando por separaciones complicadas, problemas de comunicación con los hijos y situaciones de estrés emocional.”